Contra la democracia

Estamos ante una obra que forman parte de una trilogía - espejo que refleja las monstruosidades y las siniestras contradicciones de los tiempos que vivimos. En ellas Soler presenta su visión sobre el hombre y el mundo contemporáneo en pequeñas píldoras góticas, siete caramelos por obra rellenos de ácido sulfúrico.

Un mundo lóbrego primo lejano del Gran Guiñol y los episodios de ‘The Twilight Zone’; pero también heredero de la palabra de Ionesco o Beckett, el método de Brossa y Calders, la imaginería de Buñuel o la mala leche de Boadella.

Contra la democracia se encuentra disponible en 17 idiomas (catalán, inglés, francés, alemán, castellano, griego, italiano, danés, rumano, checo, húngaro, ruso, croata, portugués, esloveno, sueco y finlandés), mientras que casi 70 directores la han hecho suya en países como Alemania, Estados Unidos, Francia, Rumanía, Suiza, Austria, Grecia, Venezuela y Chile. Ha formado parte de las secciones oficiales de los festivales Theatertreffen i Literaturfestival, ambos de Berlín, y del certamen francés La Mousson d’Été (en dos ocasiones)

La pieza nace de la observación de que el capitalismo consumista deforma la palabra hasta convertirla en negativa. La democracia es ficticia.

Nos han contado que la democracia es la mejor de las formas de gobierno. Nos han contado que la democracia consiste en que el poder recaiga en el pueblo y éste elija libremente a sus representantes, quienes estarán a su servicio, buscando el bien general respetando los derechos fundamentales.

Y lo hemos creído. Y probablemente sea verdad, al menos en la primera de sus partes.

Y en virtud de nuestra creencia y en virtud de nuestro deseo de que sea cierto se ha producido un proceso perverso por el cual cualquier barbaridad acompañada de la etiqueta de “democracia” se ha convertido en tolerable. “Democracia” se convierte en una palabra-marco en la que todo lo que contenga absorbe esa cualidad de perfección y justicia. “Democracia” es un escudo infranqueable, “demócrata” es un título de honorabilidad que confiere inmunidad y certeza a quienes los ostentan. Los defensores de la democracia son –por el mero hecho de autodenominarse así– honestos, justos y certeros. En nombre de la democracia nos sentimos legitimados para cometer o consentir cualquier tipo de atrocidad, porque la lucha es por un bien superior que acabará por justificar los siempre inevitables y puntuales daños colaterales que se produzcan.

Contra la democracia nos pone frente a un espejo que tal vez arroje una imagen incómoda. ¿Qué partes de nuestro ideal democrático han sido pervertidos? ¿Qué y quiénes amenazan las partes que aún están sanas? Esteve Soler se atreve a proponer un debate muy profundo, y a mi juicio muy necesario. Nos propone siete puntos de reflexión sobre nuestro funcionamiento social y nos empuja a generar nuestro propio criterio al respecto. El retrato que ofrecen estas siete historias no es muy alentador. Pero el teatro no es una conversación unidireccional; el teatro se completa con el público, con el encuentro entre esas historias y la gente. A mí como director no me interesa decir “vivimos en un sistema imperfecto, o podrido”, no me interesa pintar una perspectiva apocalíptica.

Tampoco me interesa cuando como espectador tengo la sensación de asistir a un discurso cerrado. Lo que pretendo con la puesta en escena de este espectáculo es promover el debate y preguntarnos juntos “¿qué nos parece esto?, ¿qué partes nos gustan y qué partes no?” y sobre todo “¿qué podemos hacer nosotros (los que estamos en este teatro hoy) para cambiarlo a mejor?”. Creo que a Esteve también le interesa esta óptica positivista. Por eso sus personajes tienen complejidad, por eso las historias se presentan con una mezcla de distancia y de humor, por eso –entre otros muchos signos– la obra acaba con un personaje que se niega a colaborar con lo que considera injusto. Porque tenemos capacidad para incidir en nuestro mundo. Porque hay algo, por poco que sea, que depende de nosotros.

Tanto representar como ver Contra la democracia supone un ejercicio de cierto riesgo: nos enfrenta a preguntas que tal vez no sepamos responder, o cuyas respuestas nos disgusten. Y no son preguntas superficiales. Pero paradójicamente es también un ejercicio que nos conecta con valores profundamente democráticos, y que seamos capaces de hacerlo indica que aún queda algo válido en nuestra sociedad.

Antonio C. Guijosa

Sinopsis

Contra la democracia son (siete obritas de “Grand Gignol”) 7 pequeñas obras que mezclan horror y comedia, 7 momentos tan extraños como próximos, 7 visiones surrealistas y contundentes sobre un engaño colectivo cada día más escandaloso... ¿Todavía hay alguien que crea que los ciudadanos gobernamos nuestra sociedad?

El poder (político y económico) ha decidido disolver al pueblo para refundarlo. Por tal razón ha expulsado a todos los ciudadanos y hará una nueva selección; una pareja que desde una telaraña, despotrica del sistema, pero a la vez promete que se vengará en las próximas elecciones; un hombre que habla de igualdad, pero no quiere ser igual al amigo que acaba de derribar de una pedrada; un matrimonio que decide que tiene que matar a su hijo para contribuir con el bien común en una economía en crisis; el encuentro imposible entre dos políticos de tiempos distintos; unos vecinos ante el peligro de la ignorancia y una mujer afgana que descubre los límites de nuestra democracia.

“Todo se discute en este mundo excepto una cosa: la democracia. Pero, ¿cómo podemos hablar de democracia si aquellos que realmente gobiernan el mundo no son elegidos por el pueblo?”

José Saramago

 

Después de una larga trayectoria, de ser traducida a 17 idiomas y llevada al teatro por un centenar de directores en todo el mundo, por fin ‘Contra la democracia’ se podrán ver aquí en un montaje en castellano.

Eso no sería un motivo de orgullo suficiente si no viniera acompañado por el cuidado entusiasmo de la compañía Teatro del Noctámbulo. Su profesionalidad y las ganas de afrontar el proyecto me han hecho ver en José Vicente Moirón y Gabriel Moreno los perfectos aliados en la plasmación al escenario de mi obra más querida.

Estoy convencido que el texto llegará al público de la mejor manera al conocer la brillante carrera de Teatro del Noctambulo, quienes han sabido combinar producciones de clásicos de nuestra cultura ancestral con textos imprescindibles de nuestra contemporaneidad.

Y me ratifica en esta impresión el hecho de sumar al proyecto a un talento en la dirección como Antonio C. Guijosa, quien va más allá de lo prometedor para ser una de las más sólidas realidades de nuestra escena estatal.

‘Contra la democracia’ quiere reiniciar nuestra visión sobre la cotidianeidad. ‘Contra la democracia’ es un grito para renovar nuestro compromiso con esta institución que garantiza la igualdad entre los ciudadanos. Da una perspectiva tanto emocional como intelectual a un cambio que parece de justa obligatoriedad en nuestra presente generación.

Esteve Soler

Cuadro artístico y técnico


Agradecimientos

Nuestro mayor agradecimiento a:

Souads Sani Hdidi, Sauma Rodríguez, David Sánchez (Sala “Tú” Madrid), Lucía Fuengallego, Miguel Murillo, Marilán Pérez, Ana González, Teatro López de Ayala, Mari Carmen Hurtado, Sastrería Cornejo.