El sueño de una noche de verano
06/04/2015
Mi rival
Mi rival
08/04/2015
Mostrar todo

Pedro y el capitán

De Mario Benedetti


Año de producción

1997

Dirección

Paco Carrillo

Producción

Teatro del Noctámbulo en coproducción con el Centro Dramático y de la Música de la Consejería de Cultura y Patrimonio de la Junta de Extremadura.

Premios

Premio Honra 1998 en el Festival Internacional de Teatro de Almada.

Reparto

CAPITÁN Leandro Rey
PEDRO José Vicente Moirón

Ficha artístico-técnica

Diseño / Iluminación Juan Carlos Gallardo
Imagen y Estética Pepa Casado
Vestuario Teatro del Noctámbulo
Música Teatro del Noctámbulo
Fotografía Antonio Covarsí & Pepa Casado
Diseño Escénico Teatro del Noctámbulo

Nota de producción

"Pedro y el Capitán” indaga dramáticamente en la psicología de un torturador, algo así como la respuesta a por qué, mediante qué proceso, un ser normal puede convertirse en un torturador. La obra no es el enfrentamiento entre un monstruo y un santo, sino entre dos hombres, dos seres de carne y hueso. El intercambio de papeles o de roles que surgen en “Pedro y el Capitán” vienen a corroborar la dualidad que todos los seres humanos llevamos dentro y también la capacidad que todos tenemos de sobrevivir a costa de cualquier argumento que nos alivie.

La puesta en escena introduce una estética original a la vez que efectiva, en lo que a imagen e interpretación se refiere: Un exquisito y sugerente diseño de iluminación dibuja una moderna puesta en escena actual e impactante, por la dureza con la que se exhiben los dos personajes. Bañados en maquillaje blanco, descamado, raído y cambiante con el paso real del tiempo en la función, imprimen al espectáculo una sorpresa continua y una grata imagen, configurando una cálida interpretación, humana e inquietante, con tiernos tonos que pellizcan al espectador desde el llanto a la risa, todo envuelto en el estremecedor texto de Mario Benedetti. Un espectáculo absolutamente recomendable en contra de la tortura.

Síntesis

Una larga conversación entre un torturador y un torturado, en le que la tortura no está presente como tal, aunque sí como la sombra que pesa sobre el diálogo. Eso es en realidad “Pedro y el Capitán”.

Aunque la tortura es el tema de la obra, como hecho físico no figura en la escena: cuando la tortura es una presencia infamante, pero directa, el espectador mantiene una gran objetividad, esencial para juzgar cualquier proceso de degradación del ser humano.

La obra no es el enfrentamiento entre un monstruo y un santo, sino entre dos hombres, dos seres de carne y hueso, ambos con zonas vulnerables y de resistencia. La moral, el ánimo, la sensibilidad ante el dolor humano, el complejo trayecto que media entre el coraje y la cobardía, la brecha entre traición y lealtad…

En “Pedro y el Capitán” los cuatro actos son meros intermedios, treguas entre tortura y tortura. Tenemos que recuperar la objetividad como una de las formas de recuperar la verdad, y tenemos que recuperar la verdad como una de las formas de merecer la victoria.